Las fiestas de mi pueblo, de mis pueblos…las fiestas.
Geográficamente he llegado a la conclusión de que mi pueblo es aquel en el cual vivo y se asienta mi familia, no tengo apegos geográficos pero si apegos a la gente. De mis pueblos tengo amigos que a día de hoy, y con muuuuchas vivencias de por medio, lo siguen siendo.
He vivido las fiestas de los que han sido mis pueblos, las he quemado esperando el amanecer desayunando churros en algún lugar antes de llegar a casa. Comparsas, clarines, encierros, carnavales… no es que fuera antes muy fiestera pero cualquier excusa era buena para estar con los amigos hasta altas horas sin tener que escuchar a la vuelta a casa el consabido ¡¡¿pero que hay abierto a estas horas?!!
Como en todo se viven diferentes las fiestas en las distintas etapas de la vida.
En la pre adolescencia comprábamos pipas o almendras garrapiñadas que parecía que no existían en otra época del año, íbamos las niñas a los coches de choque a pegarnos topetazos con los chicos que nos hacían gracia, cuanto más brutos mejor y cuanto más te embestían con su coche más contentas….. como bobas.
Luego en esa adolescencia que dura taaaannnntoooo quince, dieciséis, diecisiete……. se acabaron los feriantes, los coches y las norias, descubrimos el tontodromo que era lo más parecido a los botellones de ahora, otra vez los chicos, las primeras copas, la primera vez de llegar a casa a veinte uñas, el primer enamorarse bajo el neón, las primeras calabazas dadas y recibidas, la primera cita, mientras en casa te hacían de atracción en atracción, del gusano loco a la noria y de la noria al tren de la bruja o a la casa de los espejos y comiendo algodón de azúcar. Esta tapa duró muchos años hasta entrar en una feria más tranquila, vivida con mas sosiego, mas adulta, terrazas de noches de primavera y finales de verano, cervezas con los amigos y algún concierto pero ya más alejados del recinto ferial, esta etapa más asentada me duro casi hasta que las responsabilidades fueron otras y empecé a llevar a mis hijos a su primer tío vivo, hasta que compré para ellos el primer algodón dulce, grande, el más grande y rosado de los algodones y disfrutaba viendo como descubrían aquel sabor empalagoso que se pegaba insistente en sus caritas y en sus manos , me subí con ellos a grandes atracciones donde no podían subir solos y soporté los escobazos que la bruja nos propinaba en su tren, hasta el día que subí con ellos al primer coche de choque que ya manejaban ellos con mucha soltura…poco después empezaron a ir en grupito con amigas y amigos hijos a su vez de amigos nuestros y unas veces unos padres otras veces otros nos dábamos una vuelta por la feria para ver por donde andaban para luego irlos a recoger a una hora prudente.
Como era de esperar…llega ese día en que tu hijo que por supuesto no bebe y que por estar en fiestas le has dado permiso hasta las dos, llega fino, pero fino, fino con “una” de calimocho que no se tiene de pie y la rueda está dando la vuelta de nuevo, regañinas, castigos por no cumplir el horario y lo de siempre, miedo mucho miedo a que les pueda pasar algo hasta llegar a odiar las fiestas. Aun hoy miras el reloj, te levantas miras por la ventana y te vuelve a acostar, no han llevado el coche pero siempre hay alguien que los trae y no sabes que es peor, porque te han salido feriantes y no se conforman con las fiestas de su pueblo sino que tienen amigos en toda la periferia y viven también en las fiestas de los puebloslimítrofes que vienen una tras otra, así que estamos todo el mes de septiembre de feria hasta terminar el veintinueve de septiembre en las de aquí Las Rozas de Madrid cuyo patrón es San Miguel.
Termina la feria y ¡¡que descanso!! ¡¡VIVA SAN MIGUEL!!
Salía como siempre puntual de la oficina, hacia ya días que no se quedaba a tomar esa cervecita con los compañeros, le había llegado de boca de la del quiosco que la tenían por rarita, total, no había intimado con nadie de con los que compartía tantas horas al día durante los últimos cinco años. No le importó demasiado.
La calle Princesa siempre concurrida y más aún bajo el tibio sol de medio día cuando la primavera estaba a punto de comenzar, aunque por el aspecto de los escaparates y la vestimenta de la gente, diríase que ya estábamos en verano. Ella aun llevaba sus vetustos botines de hace ya dos inviernos, su pasmina anudada al cuello y un aparente pero remendado abrigo de paño que olía a naftalina. Su madre había fallecido la pasada navidad y vivía sola desde entonces, sabía que tenía primos pero no tenía muy claro ni cuantos ni donde, ella había estado sola siempre, con su madre, desde pequeña, no recordaba otra cosa, quizás por ese tipo de vida se creía algo antisocial aunque en ocasiones hacia un esfuerzo por estar y alternar al menos con los compañeros de la oficina.
Salió de Princesa por la calle Tetuán que no está tan concurrida, en Casa Labra, la gente tomaba su cerveza a pie de calle mientras esperan su pincho de bacalao rebozado, todo un clásico, pero una vez pasado Labra, la multitud se disipaba y podías meterte por callejones menos concurridos.
Hasta su casa era un paseo que sus compañeros envidiaban, vivir en Madrid al lado del trabajo, eso si era un chollo, todos venían en transporte público al centro porque de otro modo a las ocho de la mañana era imposible. Se quito el abrigo y la pasmina, por las calles adyacentes no entraba el sol pero el aire era agradable, cerraba los ojos para sentirlo acariciar su rostro…al abrir los ojos allí estaba de nuevo esa sensación, era una sensación que casi le producía nausea, era como andar sobre sus propios pasos, se paró en seco y miró hacia arriba, sabía que aquella señora con bata azul iba a regar los geranios, hacía mucho tiempo que no cogía por esa calle pero antes de que la mujer dejara caer una pinza de su tendedero ella supo que iba a caer y supo que sería una pinza de ropa verde. En cuestión de segundos la pinza rebotó sobre los adoquines, retiró el pie para no pisarla, los pasos siguientes se amontonaban en su mente uno tras otro, cerró los ojos, los apretó con fuerza tratando de desechar esa sensación. Respiró hondo sintiéndose aliviada. Retomó el camino a su casa, disfrutaba del paseo cuando no la abordaban esas sensaciones…de nuevo aquella tienda, la empleada estaría en el escaparate colocando aquella blusa azul que tanto le había gustado ¡¡otra vez nooo!! Se acerco hasta llegar al escaparate, miró casi con miedo, la dependienta no estaba, la blusa azul tampoco, Uffff que alivio pensó y siguió caminando. Antes de doblar la esquina vislumbró los contenedores de basura, el verde del vidrio, el azul y gris del papel, el amarillo…habría unas cajas junto al amarillo y unas bolsas con ropa de una de las cuales salía un cinturón de cuadros, sentía de nuevo que sus pasos se repetían sobre un mismo escenario, de nuevo esa nausea, había leído en internet que esas sensaciones eran propias de la esquizofrenia y era por ello por lo que no lo compartía con nadie. En esta ocasión aceleró el paso dejando atrás los contenedores casi sin mirar, solo una cosa llamó su atención, recordaba un gato de inmensos ojos verdes saltando del contenedor azul al suelo y en esta ocasión no había gato, no había visto sus ojos verdes antes de saltar junto a sus pies. Aceleró el paso y dobló la esquina, la última antes de llegar a su casa.
Era un corto trayecto que se le había hecho largo, sentía que su corazón le golpeaba fuertemente el pecho. La pesada puerta de hierro del portal tenía los cristales rotos, los vecinos y los carteros, los repartidores de propaganda y cualquiera que quisiera acceder al edificio, pasaba la mano a través de los barrotes de hierro y abría el picaporte desde dentro, pero allí estaba ella, revolviendo dentro de su bolso hasta encontrar la llave. Miró el buzón, en la tarjeta del mismo figuraba aún el nombre de su madre junto al suyo. Una carta del seguro y propaganda, siempre llenaban el buzón de propaganda. Subió los dos pisos hasta su casa, se limpio bien los zapatos en el felpudo de la puerta como su madre le decía, colgó el bolso y el abrigo en el perchero en la entrada, fue a la cocina bebió agua, abrió el frigorífico y lo volvió a cerrar, pensó que tomaría algo más tarde, acto seguido entro en el dormitorio, no le había dado tiempo a hacer la cama, abrió el armario para ponerse algo más cómoda y…allí estaba la blusa azul de aquel escaparate, colgada en la percha, con su etiqueta, pero ella no la vio, cogió una camiseta y la cambió por el jersey que llevaba, se quito los zapatos y busco las zapatillas de su madre que utilizaba últimamente, no las encontraba, se agachó y levantó la colcha que arrastraba para mirar bajo la cama, allí estaban, allí estaban las zapatillas, las zapatillas y…un gato, muerto, sus ojos verdes la miraban vacíos de vida. Ella cogió sus zapatillas las coloco junto a la mesita de noche y se tumbó sobre la cama.
Pensó en esas sensaciones que se repetían cada vez con más frecuencia desde que murió su madre…, ella la cuidaba, le tenía la comida lista cuando ella llegaba, le obligaba a tomar aquellas pastillas que había dejado de tomar desde entonces…
Voy a tomar la medicación jajaja, pero mientras tanto podéis pasaros por casa de Carmen Andujar o...¿ya os habéis pasado?
Allí estaba él, como si nada, como si el tiempo no hubiera pasado, su pelo seguía siendo negro intenso, como si el tiempo no hubiera pasado por él, su tez como siempre bronceada por el sol, ¡¡ se había ausentado tanto tiempo de sus vidas…!!
Ella le recriminaba su ausencia, le decía que no le parecía justo tanto tiempo sin dar señales de vida, le preguntaba donde había estado estos años, él la miraba sin responder y le acariciaba el pelo que pintaba casi de blanco por el paso del tiempo. Casi se puso blanco de golpe cuando él se fue. Sus hijos los miraban ensimismados mientras en el interminable abrazo, ella dejaba brotar lágrimas azules de sus intensos y pequeños azules ojos. Entre hipidos le decía insistentemente “¿por qué me has hecho esto?, ¿por qué? pero no esperaba respuesta. Los chicos esperaban su turno, los cinco a la vez se abrazaron a él, ellos no hacían preguntas, ellos no querían respuestas, habían pasado al menos diez años, y ellos seguían siendo niños ansiosos de aquella caricia, volvían a volar las caricias sobre sus cabezas, las caricias de aquellas manos perfectas, masculinas, de largos dedos y uñas impecables.
La mayor de todos se abrazó a él, inspiró fuerte sobre su cuello queriendo embriagarse de su olor, aquel olor que le había acompañado sus primeros años, aquel olor que le había aportado tanta seguridad cuando caminaba hacia él dando sus primeros pasos, cuando él la esperaba agachado con los brazos abiertos.
Tenía preguntas, reproches, pero quizás más adelante, ahora había vuelto y no era cuestión de estropear ese momento. Quizás…el temor de que volviera a desaparecer le hizo desterrarlos.
Cogió la mano de su padre, la asió con fuerza hasta arrastrarlo escaleras abajo hasta la calle, estaban allí sus amigos y con júbilo les decía ¡¡Es mi padre, ha vuelto!! ¡¡Es mi padre!! Tras ella, sus cuatro hermanos enredando, jugueteando sin ser conscientes de la importancia y trascendencia que tenía aquel acontecimiento en sus vidas. Luego de alguna manera…se vieron solos, papá,¡¡ te has perdido tantas cosas…!! ya no era una niña, era una mujer adulta, con una vida de adulta marcada por su ausencia, tenía tantas ganas de contarle, de decirle que maduró de golpe cuando él se fue, que dejó de ser esa cabeza loca e insensata que le daba tantos quebraderos de cabeza…quería que se sintiera orgulloso de ella, quería mostrarle todo de golpe, su marido, su casa, sus hijos, quería que conociera a sus perros, siempre le habían gustado los niños, los perros…
Los primeros rayos de la mañana, atravesaban la persiana rompiendo la noche. Apreté los ojos no quería despertar, lo había vuelto a ver después de muchos años, lo había olido siiii, recordaba su olor, había vuelto a escuchar su voz, necesitaba más tiempo…la mañana peleó por sacarme de aquel sueño en el cual había vuelto a estar con mi padre. Luché por volver a dormirme…pero ya no fue posible.
Un sabor agridulce se había depositado en mí paladar, trataba de recordar el sueño que se me hacía jirones desdibujando dulces momentos.
Un café y una sola realidad, él se había ido hacía ya muchos años tras una larga enfermedad y un duro final y solo en sueños volvería a encontrarlo.
Seguir soñando en casa de Pepe..donde.los sueños, sueños son.
No queda nada, una última mirada, a la nada, a la luz que lo fue, al silencio que dejamos, fue el final y quedamos unos cuantos en silencio, pensando en la silenciosa cola lo que pudo ser. Él dice que no queda nada, hace frío, una última mirada a lo que hemos conocido como nuestro mundo, no sabemos qué es lo que queda ahí fuera, aire sin oxigeno, irrespirable, luz, no sé si de sol o de luna pero el caso es que hay luz. Espero paciente para impregnarme de esa última mirada, llevamos mucho tiempo a oscuras, luego me dejaré caer al abismo. La mujer se sumó a la cola, no es necesario mantener el orden, dejó su silla abandonada en la esquina de lo que durante mucho tiempo fue su puesto de trabajo, ya no hay ni jefes ni mandatarios, todos hemos iniciado el camino sin retorno, hemos emprendido el viaje por la escalera solo de subida. Como siempre se ha dicho, el capitán es el último en abandonar el barco, él aún está dentro, en la sala, será el último, antes hará una hoguera con todo lo terrenal, dice que “la mortaja no tiene bolsillos” y que allí donde vamos no nos será necesario nada material, antes lo pusimos todo a su nombre, pagarés, propiedades, cuentas bancarias, él hará el sacrificio del ofrecimiento como nuestro guía en todo este tiempo. Hasta el final de la escalera solo nuestro libro de oraciones, alguno una pequeña mochila si acaso con algunos recuerdos, alguna prenda o fotografía de los que no quisieron seguirnos aun amándonos, ¿¿Qué habrá sido de ellos??. Aquí el huerto que trabajamos durante todo este tiempo ya no nos abastece desde hace semanas, estamos alejados en esta montaña que parece el cielo del mundo, cuando pudimos vivir en el exterior siempre había niebla, este lado del bunker nunca hasta hoy lo visitamos. Ya queda poco tiempo, Silke me ha pedido que parta tras ella, de ese modo cuando ella esté arriba, en el caso de que el miedo le atenace, yo subiré a ayudarla, se lo debo, ella me arrastró para venir aquí a esperar el final, rodeados de espiritualidad.
De los que allí estaban nadie sabía que Gurú Aley ya se encontraba a muchos kilómetros de allí, en un porche Cayenne y que lo que ardía en la sala, eran las alfombras de su oratorio.
Como no quiero faltar a esta convocatoria juevera y necesito días para comentar los relatos del jueves anterior, no he tenido mucho tiempo para pensar qué contaros en este jueves refranero que nos propone Verónica, así que por no escribir alguna chapuza que no merecéis, voy a basar mi historia en lo que era un chiste porque…”no hay día más perdido que en el que no nos hemos reído”
Lola está desesperada, muchas veces había oído que no debían mezclarse los negocios con el placer, para ellos el dicho era otro, algo así como donde tienes la olla no metas la polla y ella hizo caso omiso al refrán con lo cual él también.
Pensaba que el refranero era realmente sabio y siempre echaba mano de alguno de ellos o en su ausencia de algún dicho popular por todos bien conocido. Lola resultaba para muchos repelente y siempre tenía que decir la última palabra en cualquier tema, con refrán o sin él. Cuando Blas le había dicho, hacía ya una semana, que la relación entre ambos había terminado, en vez de mostrar sorpresa o disgusto, dijo que ella ya sabía lo que suponía dar amapolas a los cerdos… de amor que no conviene muchos males y pocos bienes, pensaba ella para sí.
De entre sus amigas ya había pocas solteras o que no vivieran ya en pareja, solo Adela y Nuria estaban separadas, ella aún no había dado con la horma de su zapato y rozaba los cuarenta, aunque siempre que alguien se lo recordaba, decía que gallina vieja hace buen caldo y de buen caldo buena sopa.
Salió aquella noche, se aplicó el borrón y cuenta nueva y pensando en Blas ante el espejo dijose a sí misma que a enemigo que huye puente de plata. Quedó con Adela y Nuria,estas eran unas juerguistas que disfrutaban de su casi recién estrenada soltería, en el discopub al entrar, dejó el abrigo en el guardarropa y cuando la chiquita que lo atendía le dió su ficha le comentó lo frías que tenía las manos, y es que cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo, luego se moría de risa como si hubiera dicho algo gracioso (mira que me fastidia el que rie sus propias gracias antes de saber si tienen gracia para los demás) Nuria levantó la mano para hacerle ver donde estaban, no era amiga de estos “tugurios”así los llamaba, decía que la música alta y las mareantes luces la ponían enferma, pero realmente si quería salir no tenía demasiadas opciones, porque sus gracias y refranes no solían caer bien. Ya le habían dicho alguna vez lo de mujer refranera mujer puñetera. Se sentó, junto a Nuria, Adela hablaba con un joven en la barra, que sin ser guapo era interesante. Ufff dijo Lola, de mejor paja he hecho yo estiercol, Nuria la miró incrédula, Santo Tomas una y no más. Como no era la típica discoteca de jovenzuelos no era demasiado ruidosa, no habia discos de musica tecno, bajo la intensidad de la luz, las rotatorias se hicieron más lentas, empezaban las baladas, hacía tiempo que no entraba en un local donde aún pusieran música lenta para bailar, ¡¡que aburrimiento!!. Un chaval, mozo, hombre, que no habría cumplido los cuarenta se acercó a su mesa y con un gesto simpático le hizo casi una reverencia, ¿bailas?... lo miró casi con desprecio, no era guapo, más bien de esos feos atractivos, quizás por sus formas, por su gracia o simpatía
_ No está hecha la miel para la boca del asno, contestó
El chico, chaval, mozo, hombre, deshizo la simpática reverencia y respondió
_ Oye, oye, que te he dicho que si bailas, no que si me la chupas.
En esta ocasión ella no dijo la última palabra.
Más Jueves Refranero con café griego en casa deVERÓNICA
Marcos se anudaba su corbata de cachemira de alegres colores con doble nudo, bajaba el impecable cuello de su camisa y ajustaba el nudo al cuello. Esa reunión mensual de los directivos, lo tenía un poco abstraído. Selena en la cocina se preparaba un poleo menta, una infusión antes de acostarse le ayudaba a conciliar el sueño, la besó fugazmente sin apenas rozarle los labios y tomó las llaves del coche del mueble de la entrada al tiempo que decía _Acuéstate pronto cariño, procuraré no hacer ruido al llegar… _Ten cuidado Marcos, que siempre bebéis de más, en ese caso toma un taxi.
La puerta se cerró tras él, en el espejo del ascensor, camino del garaje, se atusó el pelo, con cuarenta y cinco años no presentaba síntomas de calvicie, al menos de forma inminente, pero sus sienes casi plateadas le daban un aspecto interesante, había comprobado en esas escapadas mensuales, que despertaba el interés de las mujeres más aún que cuando era más joven. Esa sensación le aportaba cuando menos seguridad, ni que decir tiene que era apuesto y lo sabía.
Luna cepillaba su larga melena, aquellos pendientes de topacio azul hacían resaltar aun más el color de sus ojos, dejó volar su melena con un estudiado movimiento de la cabeza. Era bella, inmensamente bella, aquel ceñido corpiño negro resaltaba sus delicadas curvas y realzaba la exquisitez de sus senos firmes, separados por “el camino a la perdición” así lo había llamado Marcos hacía dos meses. Cuando se conocieron.
Su deportivo negro salió de la ciudad y enfiló la carretera que subía la ladera de la montaña, la carretera carecía de iluminación pero la luna llena de aquella noche, dejaba apreciar alguna de las casas de piedra de aquella montaña que parecían encontrarse en caminos perdidos e infranqueables.
Dos o tres miradores repartidos en la larga carretera de ascenso permitían ver la ciudad que dormía bajo el neón, y que sin embargo parecía tan despierta. Disminuyó la velocidad al ver en el segundo mirador el 4x4 de Marcos con las luces de posición, ya estaba allí, ella sabía que lo tenía impaciente y le gustaba hacerse esperar, estaría enfadado, más de media hora de espera pero sabía que lo tenía bien enganchado y no se iría. Era su tercera cita y ya no podía escapar. Paro al otro lado de la carretera y metió su coche entre la maleza hasta dejarlo casi absolutamente escondido, bajó miro a ambos lados y cruzó, Marcos la había visto llegar pero seguía mirando la ciudad como hipnotizado, quizás un poco molesto por la espera. Por detrás se agarro a su cintura y ronroneando como una gata consiguió que Marcos girara sobre si para tenerla de frente, voluptuosa, sensual y felina. Todo cuanto le iba a recriminar por la espera desapareció de su mente y la besó apasionadamente, mordió sus carnosos labios, lamió su cuello, hacía tiempo que decía no sentirse tan embriagado. Lo condujo hasta el coche, el suyo había quedado bien escondido. Le había dicho que lo llevaría a un escondite secreto, la casa de la montaña que pertenecía a la familia y que estaba hace tiempo deshabitada, podría ser un lugar maravilloso para sus encuentros que prometían ser cada vez más frecuentes. Le indicó que tras la siguiente curva tenía que coger el camino a la derecha, Marcos emocionado y excitado tomó con rapidez la curva, en su mente iba despojándola de su chaquetón, de su corpiño de todo aquello no comestible que cubriera su cuerpo. La inmensa casona era casi invisible, la espesa vegetación de la zona sumada a las traviesas hiedras trepadoras habían conseguido ocultarla casi por completo. Lo arrastró de la mano, la puerta chirrió al girar el pomo oxidado, Marcos le ayudó a empujar la puerta. Olía a resina, a Marcos le llamó la atención la pulcritud de la estancia, Luna lo había preparado todo para el encuentro, la chimenea emitía chasquidos, un tronco dejaba caer su peso sobre otro ya requemado y algunas chispas traviesas jugaban en el aire al son de un crepitar. Dejaron caer sus abrigos sobre el vetusto sillón y tomaron ambas copas que Luna saco con cuidado de la licorera…en una de ellas…un polvo rosado casi invisible sobre el cual vertió el vino y se la tendió a Marcos que bebió y paladeo gustoso. Luna hizo lo mismo con la suya, empujo a Marcos sobre los abrigos que descansaban en el sillón sacándole al mismo tiempo el nudo de la corbata.
Cuando Marcos se despertó, el olor acre, mezclado con azufre le hizo esbozar una arcada, sentía un tremendo malestar y sus ojos no alcanzaban la nitidez, no podía moverse, sintió que estaba desnudo, sujeto, varias antorchas rodeaban una estancia en la cual no había estado nunca, mujeres con tules negros transparentes que cubrían su cuerpo desnudo, escuchaba una oración que era respondida al unísono por todas aquellas mujeres, algo decían de un pentagrama, de consagrar el pentagrama con los cuatro elementos recitando los exorcismos de el agua, el fuego, el aire y la tierra. El pentagrama con dos rayos inferiores hacia arriba, parece que le hicieran una ofrenda, aclaman al maléfico. Marcos cerró los ojos y sacudió la cabeza como si quisiera despertar de una pesadilla, no lo consiguió. Vio a Luna y a otra mujer que se le acercaban, iban como escoltando a una tercera que llevaba algo entre sus manos, entonces pudo verla, era Selena, su mujer, estaba demasiado asustado para plantearse el daño que le habría hecho engañándola desde hacía años, la llamó la gritó pero sus gritos quedaban ahogados por lo que parecía una oración al unísono 30, 40 mujeres, Selena se acercó aún más, le ungió con lo que llevaba entre las manos un aceite de cinco perfumes, incienso, mirra, aloe, azufre y alcanfor, sonrió y le dijo “el humo te purificará” se miró los pies y se hallaba sobre una pira, el pánico apagó de pronto su voz. La luna, redonda,entera y anaranjada brillaba en lo más alto.
Selena, con su pelo cogido en una pinza, unos vaqueros y la misma camiseta con la que había dormido bajo la gabardina color camel denunciaba en la comisaria a dos manzanas de casa, que su marido no había regresado.
Por lógica los demás hechizos y pócimas en la cueva de Inma Brujis
Emociones, que te hacen llorar, que te hacen reír, llorar porque se te rompe al alma, llorar de alegría y emoción, reír porque…simplemente eres feliz.
Abrir el cajón de los truenos, quiero salirme por la tangente en esta convocatoria y…no seré la única me temo, le doy vueltas, pongo mi corazón sobre la mesa, me mira con ojitos burlones y… ¿ahora qué? Paso el dedo por una hendidura de aurícula izquierda a ventrículo derecho, es profunda pero no sangra, él se retrae y entorna sus ojillos, .- ¿quieres que hablemos de ello? .-
.- No, Ya no duele, son cicatrices de heridas que te rompen en pedazos pero cuando logras sobreponerte, sabes que eres más fuerte. ._¿Y ésta? Le pregunto señalando otra menos larga pero también profunda, .-Ufffff esa aún es más antigua, ha marcado nuestras vidas desde los 16 y me acompañará siempre. Las cicatrices se quedan ahí para recordarnos que somos vulnerables, que podemos rompernos fácilmente. Poso la mano sobre él y está húmedo y caliente, bombea con fuerza (por suerte) noto algunas más, una de ellas esta húmeda me miro los dedos los siento pegajosos, parecen haberse teñido con el color púrpura de la sangre.-¿estás herido? , -Sí, es por Marta, por Marta del Castillo y su familia, ayer sentí una puñalada al escuchar la sentencia, a ti te duele a mi me hiere, tú sientes rabia, yo taquicardia ante las injusticias y sangro ¡¡me enciendo!! Hay muchas cicatrices, guerras, hambruna, las que deja la pérdida de un ser querido. ¿No te has fijado que hay más de las otras?, tienen otro colorido y rezuman melaza, esa melaza hace muchas veces de bálsamo para paliar el dolor de las otras que nunca llegan a desaparecer pero dejan de doler. Mira toca aquí, es menos azulada y la humedad que rezuma es de color ámbar, ¿ves? y otra y otra y más, por suerte esas abundan, son las cosas buenas que te emocionan y de esas tienes un montón, son las que te hacen despertarte con una sonrisa, también quedarán ahí siempre.
Permanezco callada, ”ojiplática”* es verdad al observarlo veo que son muchas, muchas pequeñas señales que lo llenan todo y cada una tiene su razón de ser, entre ellas está el amor de mi vida, el nacimiento de mis dos hijos, la graduación de Laura, la llegada de mi perra a casa, el nacimiento de mi otra perra, algunos momentos especiales con mis amigos. Entre las que parecen más recientes está el Km0, Malvarrosa, la reunión familiar de Navidad, todas ellas rezuman de esa melaza dulce.
Hay algunas que son más pequeñas….-¿y estas? _Le pregunto poniendo un dedo sobre una que parece estar formándose. .-Esas son proyectos que te emocionan, momentos aun por vivir pero la emoción del proyecto se está formando y ya te hacen feliz, “Encuentro en Córdoba” “El viaje a Poitiers al concurso mundial del bóxer con uno de tus cachorros”…hay tantos proyectos que te hacen feliz aunque haya alguien que diga que se acaba el mundo en diciembre…y hay sitio para mucho más, para que sigas siendo feliz y sigas soñando…
Abro los ojos, la tele esta puesta, no sé si es la película que empecé a ver…parece que no, me he quedado dormida, sobre la mesa…bueno no…sobre mi brazo, jajaja tiene una pequeña mancha de humedad el jersey, se me ha caído la baba.
Enciendo el ordenador, es miércoles, tendré que escribir el relato del jueves y…no se me ocurre nada.
* Ojiplática =séase ojos de plato
Ainnnnnssssss que con tanto programar esto para que salga a su hora se me olvidaba decir que desde el corazon teneis mas historias en "lugar de encuentro" de la mano de María José
Shara es tunecina, también sus hermanos, sus padres, su abuela, su abuelo era francés y quizás por ello no ha vivido la represión del islamismo. Se siente una afortunada entre los otros países musulmanes del Magreb المغرب. Shara ha ido a la escuela con sus hermanos, al instituto y está a punto de licenciarse en derecho.
Estos días no han ido a clase, las revueltas en la calle, gases lacrimógenos, la policía a la cual no se tiene mucha simpatía (por ser la policía que podríamos llamar de Ben Alí) ellos tienen más fe en los militares. Un día su madre le contó lo que había supuesto el cambio, ellas seguían siendo musulmanas, las cosas habían cambiado mucho desde que la Burguiba, cuando ya independizados de Francia, reconoció los derechos de igualdad de las mujeres y trató de occidentalizar al país sin perder sus orígenes musulmanes y árabes.
El abuelo se había quedado en Túnez totalmente prendado de una tunecina con lo cual podía decirse que en su familia la cultura occidental venían de primera mano, mi abuela llevaba la cabeza cubierta con un hiyab, solo te cubre el pelo pero como solo se lo ponía al salir a la calle nunca le preguntamos, mi madre decía que era por elección propia, que nadie le imponía que se pusiera o no el hiyag y mi madre educada también en el Corán nunca lo ha llevado, en mi casa prevalece la libertad de cada individuo sea hombre o mujer, el burka es más propio de Afganistán y Arabia Saudí y el niqab (que solo permite que se te vean los ojos) tampoco es muy frecuente en mi país.
Mi madre trabaja en una correduría de seguros y muchas de sus compañeras y amigas si se cubren la cabeza pero dicen que es así por decisión propia, que se sienten mejor en sus creencias pero que nadie se lo ha impuesto, de todos modos las cosas han cambiado en los últimos tiempos. Cuando empecé en la facultad parece que estábamos mas occidentalizados que ahora, éramos casi más mujeres que hombres los dos primeros años, luego paulatinamente las cosas han ido cambiando, hay compañeras que terminaran la carrera este año conmigo y no ejercerán nunca, sus conocimientos están enfocados a la enseñanza de los hijos y su educación y muchas de ellas contraerán matrimonio y la verdad es que no sé si por voluntad propia. El régimen casi totalitario de BenAli, prometió que el desarrollo económico llegaría a todos los tunecinos, pero esto no les iba a salir gratis y aceptaron estrictos límites en la liberad política y por decirlo de alguna manera en todas sus libertades. Había oído quejarse a su padre de que en su país iban atrás como los cangrejos, la prensa no se atreve a decir nada de la situación, no existe la prensa independiente, no existen partidos democráticos de oposición o grupos independientes de la sociedad civil, de alguna manera hay muchas mujeres en Túnez que han perdido sus derechos, se instaura de nuevo una sociedad machista islámica fundamentalista y eso no es ajeno al régimen de Ben Alí, mis padres siempre lo dicen, “las dictaduras no son buenas”, y yo creía que vivía en un país democrático.
Solo espero que esta revuelta que ya está durando nos lleve de verdad a la instauración de una verdadera democracia, no quisiera por nada del mundo dejar mi país, tengo aquí mi vida mi familia y mis amigos, soy musulmana, no fumo en la calle (en mi casa si) no bebo alcohol ni como cerdo, le rezo a mi Dos como tu rezas al tuyo y ahora le rezo para que podamos empezar a hacer las cosas bien, se hagan bien ¡¡por Dios !! ¡¡Por Ala!!, que se restablezca una verdadera democracia, esta vez de verdad y no caigamos en manos de un gobierno fundamentalista, las bases ideológicas de estos grupos quieren irrefrenablemente evitar el “contagio” de las ideas que llaman liberales y aquí entra en escena el uso del niqab ya que supondrá un freno para las relaciones sociales, para el acceso al mercado laboral y en definitiva para un aislamiento con el exterior y un impedimento al ejercicio político de ciudadana de pleno derecho y eso solo sería el principio.
El fundamentalismo es excluyente con las mujeres musulmanas, por lo que ahora más que nunca es preciso que reconstruyamos las interpretaciones erróneas del Corán, para recuperar el mensaje liberador que hace catorce siglos garantizó un estatus social, económico y legal de pleno derecho entre mujeres y hombres.
Quiero quedarme en Túnez, quiero vivir mi libertad en Túnez, casarme en Túnez, tener y educar a mis hijos en Túnez y si ahora que se puede partir de cero, ahora que se pueden hacer las cosas bien no las trabajamos…me iré de aquí …nada me da más miedo que el fanatismo y el fundamentalismo.
Sé que me ha salido largo, pero os juro que hay, no uno, sino tres ascensores.
Me esperan unos días muy ajetreados y no voy a poder escribir, pero siempre sacaré un rato para leeros.
FELIZ NAVIDAD a tod@s
CUENTO DE ASCENSOR
Javi y Carlos no levantaban la cabeza de su bol de cereales, la noche anterior los habían oído discutir y no estaba el horno para bollos como decía su madre. Ella dejó el puesto de responsabilidad que tenía en la empresa por una responsabilidad mucho mayor, su hijo Carlos, el pequeño que ahora tenía seis años empezó a tener problemas de psicomotricidad a los dos, ahora apenas andaba y no contenía sus esfínteres, ante esta situación ella determinó quedarse al lado de su hijo. Tenían que operarlo y tenía todas sus esperanzas puestas en ello, habían ido de médico en médico pero lo más posible es que Carlos pasara el resto de su vida en una silla de ruedas, le habían diagnosticado una espina bífida congénita pero no había dado ningún síntoma antes de los dos años. Ella tenía sus esperanzas puestas en ese especialista pero Javier había tirado la toalla, hacía cuatro médicos, cuando todos coincidían en que la única perspectiva para Carlos era la silla de ruedas.
Javier se había centrado en su trabajo, Lena con los niños cada vez lo sentía más distante, cada vez llegaba más tarde, no quería hablar de nada que no fuera su trabajo y su vertiginoso ascenso en el mismo, si Lena quería comentarle cualquier cosa de lo acontecido en el día, decía que estaba cansado, parecía que cualquier pequeño progreso de Carlos en su fisioterapeuta no le importaba, Lena se encontraba cada vez más sola en ocasiones se acostaba sin que él hubiera llegado y cuando se despertaba muchos días, él ya no estaba.
Había cambiado, ella se encontró de la noche a la mañana viviendo con un extraño, extraño para los amigos, en el trabajo. Ahora tenía un puesto de subdirector general en la empresa, había gestionado compras millonarias de bancos extranjeros y eso le había hecho subir como la espuma, siiii, había subido hasta la planta 27, solo tenía al director general por encima en su cargo y en el edificio en pleno Paseo de la Castellana. Se había vuelto ambicioso, egoísta y egocéntrico. Los que habían sido sus amigos…ya no lo eran, los que habían sido sus compañeros procuraban no encontrarse con él ni en el ascensor, así que todos los empleados por debajo de la planta 10ª usaban la escalera y de ahí a la 27ª no les quedaba más remedio que subir en el ascensor pero aún así cogían el de servicio siempre que podían aunque tuvieran que compartirlo con la enceradora de aquellos resplandecientes suelos de mármol blanco.
Javier era bien parecido, sin ser guapo era interesante, sus patillas peinaban las primeras canas de un cuarentón, su mirada verde se había tornado más oscura triste y entre sus dos cejas una arruga vertical que se hacía cada día más profunda ante sus constantes gestos de desaprobación, contrariedad, cansancio y mal genio.
Metió directamente su BMW serie 8 en el aparcamiento, se bajó del coche y le tiró por los aires las llaves a Benito, el encargado para que se lo aparcara. Benito aun dando casi un salto las dejó caer lo que hizo que Javier se diera la vuelta “Benito, ¿eres gilipollas? ¿Estás dormido o qué?”
-No señor lo siento, es que no me ha dado tiem….
-Si es que ya estás mayor joder, habrá que ir pensando poner a otro.
Javier, ni miró hacia atrás, se dirigió a los ascensores que subían desde las tres plantas de aparcamiento a la planta calle, allí se sintió mareado, se miró en el espejo y tenía mal color, se ajustó la corbata y sintió como si el cuello de la camisa le quedara amplio, atusó el pelo con prolijidad, se compuso, salió del ascensor y atravesó el vestíbulo del edificio, los de mantenimiento estaban poniendo luces a la entrada del edificio habían recortado los bog de las jardineras exteriores dándoles artística forma de pequeños abetos a los que habían puesto luces y subidos a una gran escalera colocaban las luces navideñas de la gran bóveda del vestíbulo, algunos empleados se arremolinaban en torno a los de mantenimiento, unos observando, otros orientando si más aquí o más allá esta luz o la otra. Miró por un momento, todo aquel despliegue le parecía tan absurdo. Carraspeó, lo que alertó a los de última fila que sin rechistar empezaron a volar a sus puestos. Al ver movimiento los demás fueron dándose cuenta y tomaron la de Villadiego como suele decirse. No se encontraba bien y se dirigió al ascensor, tras él entraron Simón y Sandra que en otro tiempo habían compartido muchos almuerzos con él y con Lena cuando ella aún trabajaba, luego pasó lo de Carlitos y Lena decidió quedarse en casa, Simón y Sandra habían sido sus paños de lágrimas cuando el diagnostico de Carlitos le partía el alma cada día y ahora…apenas contestaba la mayor parte de las veces a su saludo, apenas los miraba. Lena le había contado que Simón se había separado y lo estaba pasando mal, pero nunca se interesó por su estado, Simón y Sandra querían mucho a Carlos y también a Javi pero hablaban con Lena para saber de ellos, si en algún momento le habían querido sacar el tema de cómo estaba Javier de cómo había cambiado, Lena trataba de disculparlo pero al final terminaba llorando así que habían decidido no tocar el tema. Subieron en el ascensor hasta la segunda planta. Había junta de accionistas, Sandra atinó a preguntarle si bajaba, sujetando la puerta automática del ascensor, y él dijo que no,-¿pero bajarás luego?
-No lo sé
-Feliz Navidad Javier, por si no te veo dale un beso a Lena y a los niños.
La puerta del ascensor se cerró y Javier se volvió para verse de nuevo en el espejo. En la tercera, volvió a pararse ¡¡joooder!! Tenía ganas de llegar al despacho, aflojarse la corbata, quitarse los zapatos y posar los pies sobre la esponjosa alfombra persa, (que se hizo traer de Kashan cuando tomo posesión de su despacho en la 27ª). No reconoció a nadie en aquel anciano, llevaba una pequeña ramita de acebo, con sus bayas rojas que le recordó a otro tiempo y sin querer, centro en la pequeña plantita su mirada y su pensamiento, el anciano se la tendió con una sonrisa y el reaccionó y volvió de su ensimismamiento. Con una mirada despectiva le dio casi la espalda y al mirar de refilón al espejo no vio al viejo, volvió rápidamente su mirada hacia la puerta y él, estaba allí, con él en el ascensor, seguía sonriente y sostenía la pequeña ramita entre sus manos, ya aún más pálido, volvió a mirar al espejo no vio al viejo pero el espejo se abrió como si de una puerta se tratara, a su espalda oyó la voz del anciano que le habló por primera vez
-Entra Javier, entra.
-No ¿qué es esto? tengo prisa
-Pasa hijo pasa y acompáñame.
-Jooooder ¿Quién eres? Esto parece el cuento de Charles Dickens, y no estoy para cuentos.
-Sera un momento, pasa y mira.
Al salir del ascensor desapareció el suelo bajo sus pies, era el comedor de casa, Lena estaba preciosa con aquel batín de raso negro que se pegaba a su cuerpo como una caricia, era Nochebuena, habían vuelto de casa de sus padres y los niños se habían dormido en el coche, los habían subido a su habitación con sumo cuidado, como ya tenían cierta experiencia les habían puesto el pijama en casa de los abuelos, encima el abrigo y los habían envuelto en una manta, Javier puso a Javi sobre su cama le quito el abrigo y las zapatillas y lo arropo bien, a Carlitos lo habían devuelto a la cuna, habían probado ya su camita pero se caía y llevaba con un poco de retraso lo de hacerse pis, así que aun dormía con pañales, se quedaron mirándolos un rato, se miraron ellos ,se sonrieron y Javier con esa mirada que solo le conocía cuando la pasión lo encendía le dijo en un susurro y empujándola hacia el pasillo
-Vamos princesa que hoy te voy regalar una muñeca
-Jajaja mira que eres, aún tenemos que poner los regalos en el árbol y mañana ten seguro que estos nos hacen madrugar.
-Ya le he dicho a Javi que nos despierte antes de bajar que tendremos que bajar también a Carlitos.
-¿Sí?, ¿se lo has dicho? no quisiera perderme sus caritas, es el primer año que Carlos es consciente, quiero grabar su carita cuando vea los juguetes… ¿has puesto a cargar la batería de la cámara?
-Luego, luego, ahora vamos a encargar tu regalo jajaja te voy a hacer una niña.
-Pero mira que eres tonto, si en realidad el que quiere una niña eres tú. ¿No ves que soy la reina de la casa y tengo tres hombres para que me mimen a mi sola?
Paso la mano por su cintura acariciándola sobre aquel suave raso negro y la puerta de su habitación se cerró tras ellos.
Abrió los ojos, los cerró y los apretó como si quisiera salir de un sueño, como si quisiera simular que le escocían y que por eso estaban llenos de lágrimas, estaba de nuevo en el ascensor con aquel viejo, el numero verde que marcaba el piso donde se encontraban parpadeaba y no mostraba que planta era. Quiso tocar el timbre de la alarma y el viejo le sujetó el brazo en el aire, el ascensor subió muy deprisa sintió que el estómago se le bajaba a los pies y de repente se le subió a la cabeza en el momento que paró bruscamente. Esta vez no salió del ascensor por el espejo fué como si este le presentara una película. Él era casi el mismo, ya pintaba algunas canas pero su cara estaba demacrada, sus ojeras eran profundas, Lena llevaba a Javi de la mano y el llevaba en brazos a Carlitos. Fue cuando volvieron de EEUU, Carlitos que había empezado a andar, ya no andaba y sus esfínteres habían dejado de funcionar de una forma voluntaria. Fueron unas Navidades tristes, no les daban demasiadas soluciones para el problema de Carlos, estaban cansados de ir y venir de especialista en especialista. Ante el problema de Carlos, había desaparecido la magia entre ellos .Cuando él lloraba, Lena estaba allí para consolarlo, cuando Lena lloraba, estaba sola, siempre estaba sola. Él se centró en su trabajo y vio a Lena en la ventana a su pasado que le presentaba aquel espejo, de un especialista a otro, de un fisioterapeuta a otro, en ocasiones dejaba a Javi en casa de los abuelos, otras en el colegio, otras los llevaba a los dos. Vió en aquella ventana que Lena había estado sola la segunda vez que operaron a Carlitos, él estaba muy ocupado con sus transacciones, subiendo y subiendo plantas en la empresa, sumando y sumando dividendos a sus acciones, se vio llegando al hospital (cuando su hijo estaba ya en la UCI) con alguna copa que había tomado con unos clientes italianos después de cerrar una operación sustanciosa para la empresa y para su ascenso. Trató de besar a Lena y ella le volvió la cara en un gesto de absoluto desprecio.
Miró hacia atrás para hablarle al anciano y el espejo cerro la ventana a su pasado. Javier le preguntó si aún podía arreglar aquello y el anciano no le contestó
-Me odia ¿verdad? Lena y mis hijos me odian.
El ascensor volvió a arrancar del tirón y volvió a ponerle el estómago del revés. El espejo se abrió de nuevo como una puerta, volvió a salir al comedor de su casa, el árbol de Navidad llegaba hasta el techo y estaba lleno de luces…él no lo había puesto los últimos dos años. Lena ponía algunos juguetes bajo la chimenea de cuya embocadura colgaba preciosas ramas de acebo llenas de bayas rojas.
No había nadie en el salón, se abrió la puerta de la casa y entró Javi ¡¡Santo cielo como se parecía Javi a Lena tendría unos 17ó 18 años, era un hombretón
-Mamá ya estamos aquí
-Ya bajo Javi, ve llamando al abuelo y dile que ya salimos
Con Javi entraba una chiquilla preciosa de unos 9 años, él la levantó por los aires y su risa sonaba a cascabeles. Por la escalera bajaba Lena acabando de sujetar uno de sus pendientes. El brillo de su pelo seguía cayendo en cascada sobre sus hombros, los aproximadamente diez años que habían pasado le habían favorecido, tendrá unos 47 años y es una mujer espectacular, siempre lo fue.
Entonces entró desde la calle Carlitos ¡¡Carlitos!!nooo Carlos, tiene 16 años lleva una muleta y es más alto que Javi, ¿al final lo volvimos a operar? Javier se volvió hacia atrás para decirle al anciano cuanto se parecía Carlos a él cuando escucho a la niña llamar mamá a Lena… ¿tuvimos una niña? ¿esa es mi muñeca?¿y cómo se llama? ¿Y dónde estoy yo? .El anciano no contesto. Sonó el teléfono Lena lo cogió, hablo…mimosa como ella solía hacerlo y se despidió con un…”yo también te quiero” Jeje rió Javier a pesar de la incertidumbre, no quería que el anciano cerrara el espejo, ver a Lena, a Javi a Carlitos a…a…Sandra dijo el anciano, Sandra como su madrina, como la amiga de Lena…
-Como nuestra amiga corrigió Javier.
-No, Sandra no es tu amiga, ni su marido Simón tampoco ni….
-¿queeeee? ¿Qué Sandra se ha casado con Simón?
-Ni Lena es ya tu mujer, te dejó hace tiempo y no pareció importarte, tus amigos te dejaron también y tus hijos no guardan muy buenos recuerdos de los últimos años que pasaste con ellos, Lena no te dijo que estaba embarazada hasta estar de cuatro meses y tú no te habías dado ni cuenta. Sandra nació cuando ya estabais separados, poco después operaron a Carlitos en Barcelona después de litigar contigo durante meses para conseguir que firmaras la autorización. Al final todo salió bien, incluso mejor de lo que cabía esperar. Ahora no era contigo con quien hablaba, es una mujer buena joven y hermosa, solo un necio la dejaría escapar.
El espejo del ascensor cerro de nuevo aquella ventana que le había abierto al futuro. La luz del ascensor parpadeó
Javier se dejó caer sobre su espalda abatido, sus ojos estaban llenos de lágrimas y no entendía cómo podían haber cambiado tanto las cosas.
-Dime que estoy a tiempo,¡¡dime que tengo tiempo para cambiar las cosas!!No sé cómo he llegado a ser quien soy ahora,¡¡Dime que no he perdido a mi familia, a mis amigos!!Dime…
La luz del ascensor volvió a parpadear, el anciano miró los relucientes tubos del techo.-Se acaba mi tiempo
-No, espera dime qué puedo hacer…es Navidad pero dime en qué año estamos…
La luz se apagó…Javier subía en el ascensor planta 18, 19, 20, 21 y sin parar hasta la 27, se sentía adormilado. Recordaba que se había subido con Sandra y Simón y que ellos se habían ido a la junta de accionistas. Recordó que se había subido un anciano…o no se había subido nadie, ¿lo había soñado? estaba de pié, no se habría dormido de pié viendo como los dígitos que señalizaban las distintas plantas se habían parado frente a su despacho ¡clin! sonó al abrirse la puerta.
Al salir del ascensor tropezó con algo, lo recogió del suelo, era la pequeña ramita de acebo…que…el viejo…
Entró en su despacho casi corriendo, sonrió y felicitó la Navidad a Felisa, su secretaria que se quedó perpleja, abrió y cerró los ojos como no creyéndose que el que había entrado era Javier, su jefe.
-Felisa encanto pásame con las sala de juntas
-Si Javier enseguida
-¡ah! Y anula todas las citas de hoy…hasta el 8 de Enero. Luego llamas a mi casa y le dices a Lena que me espere, que voy para allá. No, mejor me la pasas.
-¿Pasa algo Javier? ¿Está bien Carlitos?
-Sí, si Felisa no te preocupes, es que…es Navidad
Habló con la sala de juntas, Lena no cogió el teléfono, salió del despacho corriendo, Felisa vete a casa, es Navidad, tendrás cosas que hacer, tus hijos ya están de vacaciones ¿no? Pues vete y no vuelvas hasta el día 8, y se despidió dándole un beso en la frente.
Se dirigía al ascensor…volvió sobre sus pasos y cogió la escalera, no quería encontrarse al abuelo, con lo que había visto le bastaba, y se sentía bien con el nuevo Javier ,no se reconocía, de un tiempo a esta parte. Recordó al Javier que fue algún día. Pasó por la sala de juntas, habló en el rellano con Sandra que se quedó atónita viendo cómo se alejaba. No daba crédito. Una sonrisa se había quedado helada en la cara de su amiga que no era capaz de reaccionar.
Al atravesar el vestíbulo, vio a los de mantenimiento que ya retiraban la escalera
-Está precioso, lo habéis dejado precioso .Feliz Navidad a todos. No os vayáis tarde, seguro que aun tenéis compras que hacer.
Bajo por la escalera de servicio al garaje. Benito lo vió llegar y salió de su cabina corriendo con las llaves en la mano
-Perdón señor esta maña…
No le dejo terminar, -lo siento Benito lo siento, no te he tratado bien, llevas aquí toda la vida y soy un imbécil perdóname tu a mí, lo de hoy…lo de otros días…de verdad Benito que lo siento y necesito que me perdones…
Benito miró hacia atrás porque no estaba seguro de que se dirigiera a él. Javier también miró la cabina de cristal de Benito…el reflejo del anciano del ascensor…le devolvió una sonrisa.
En la calle la gente de un lado a otro, los villancicos, se sentía tremendamente feliz, aparcó el coche en un subterráneo del centro, era imposible circular pero no le molestaba ni la aglomeración de gente, sentía la Navidad hasta en la piel. Llamo a Lena al móvil pero tampoco le contestó. No sabía hacia a donde encaminar sus pasos, llegando a la plaza de Callao había más bullicio, montones de niños, locos por la magia, canciones, villancicos, puestos de dulces en cada esquina. Volvió a marcar el móvil de Lena, esta vez sí lo cogió, estaba en el puesto de la esquina, mientras seguía hablando con ella e intentaba escucharla entre tanto jaleo, corría entre la gente hacia el puesto de algodón dulce. Cuando llegó y se vió frente a ella, aún no habían colgado el teléfono .Carlos se desengancho del cuello de su madre para agarrarse al de su padre, Javier sonrió al ver como se abrazaban y así recorrieron las calles, sin sentir el frio. Ella supo que él nunca se había ido del todo, siempre esperó que volviera. Javier miró hacia el ascensor de un hotel de esos que van por fuera de la fachada, estaba subiendo y un anciano con una ramita de acebo entre sus manos le sonrió desde las alturas.
-¡¡Ah!! Lena, le he dicho a Sandra y a Simón que vengan a cenar con nosotros esta noche y así ven a los niños. Javi empezó a dar saltos de contento.
Aquí me encuentro, después de escribir y borrar varias entradas sobre ese tema propuesto por Cas.Cada vez que me siento a escribir, borro, cambio de senda y vuelvo a empezar. Es miércoles por la noche. He cambiado de senda unas cuatro veces desde el lunes por la tarde. No es que tenga mucho tiempo pero lo intento. Normalmente la historia de lo que escribo se gesta en mi cabeza, la idea de lo que quiero contar nace ahí y luego el desarrollo viene solo, las palabras fluyen y mis dedos las van plasmando frente a un teclado que no es mi mejor amigo porque escribo con dos dedos, pero van saliendo solas y plasmando lo que quiero contar. En estos dos días he gestado, cambiado de senda y abortado varias historias, las musas se han ido, me visitaban a menudo pero ellas son las que han cambiado de senda, yo no, yo sigo aquí esperándolas, el frío ha embarrancado los caminos, las distintas sendas por las que venían a mí, vamos ¡¡que ni con cadenas!! ahora está de nuevo helando, ahora…ya no las espero, así que ante su ausencia…soy yo quien cambia de senda…me voy a hacer una tortilla de patatas para la cena y en breve comenzaré a leer y comentar vuestros escritos.
Un beso a todos y que las musas os acompañen
¡¡Cuánto dan de sí los culos!! , bueno claro que unos más que otros, grandes, pequeños, gordos, respingones, planos… ¿culos? ¡¡culoooos!!
¿Hablamos de esa parte de la anatomía donde la espalda pierde su digno nombre? ¡¡Que antiguo!! Ahora decimos culo…culO…cuLO…cULO…CULO, CULO, CULOOOO. ¿Quién introduciría en el diccionario de la real academia una palabra tan esdrújula como “pompis”?. entendiendo por esdrújula que tenga que sonar bien al oído. ¿Trasero? al menos viene detrás.
Todos tenemos culo, hombres, mujeres, animales, botellas, coches…y un sinfín de etcs. No voy a hablaros del culo de la botella. Os hablaré de ese, ese culo de los hombres en cuestión, y no digo hombres como genérico (que de eso ya se encarga la ministra de igualdad porque no hay cosa más importante que resolver en este país) digo hombres al referirme al sexo masculino de esta maravillosa nuestra especie.
¡¡Ayyy el culo de nuestros chicos!! Esa sinuosa curva de ondulación variada pero no menos atractiva por ello en las distintas complexiones masculinas, esa curva muchas veces coronada por idílicos hoyuelos que nos deleitan.
Una sonrisa, la mirada, las manos todo ello es importante a la hora de la seducción, tu tono de voz, un agradable aliento, un susurro que me cosquillea en la oreja, ese escalofrío que me produces…pero ahora…acércate a la barra a pedir otra ronda, acércate al aseo o simplemente a saludar a ese amigo que acaba de entrar y dame la espalda, ¿Qué digo? ¿La espalda? No dame tu culo, que yo te observe mientras caminas, que pueda mirar tu culo e imaginar cómo es bajo ese vaquero, si te queda justo y marcando, dibujando tu anatomía, o queda holgado sobre tus nalgas, déjame imaginar esos hoyuelos que lo coronan, deja que sueñe en como mis manos bajan desde tu espalda y vuelven a ascender sobre tus nalgas acariciando la hendidura que las separa, déjame imaginar…agarrando tu culo con ambas manos …apretándote contra mi…girando sobre nosotros sin soltarte…
-¿Puedo sentarme?
-claro que no… si, si claro, perdona.
-¿Cómo te llamas?
-Lujuria…quiero decir Nuria.
No sé por dónde empezar. Bueno empezaré diciéndoos que creo que he sido, o soy, mejor madre que hija, con esto no puede una decir una que sea buena madre (cosa que por otro lado intento) pero eso quizás les correspondería decirlo a los hijos. ¿Conflictos? muchos, como hija y como madre. La historia se repite, intenta una no repetir los mismos errores que por otro lado cree que cometieron sus progenitores (nunca con intención, por eso son errores) y la mayor parte del tiempo, lo consigue aunque cometa otros en su lugar.
Sí aprendí de mis padres valores como el respeto por encima de todo, el respeto a ellos, a mis profesores, a mis mayores, a mis compañeros, vamos…el respeto ante todo.
Aprendí a mentir jajaja y lo hacía como la mejor, la educación por ellos recibida estaba llena de tabúes, prohibiciones y “pecados” así que me libré de muchas mintiendo. Unas veces me “pillaban” y otras no. Ahora sigo creyendo que mereció la pena. ¿Para qué darles disgustos innecesarios? Éramos cinco y ya tenían muchas cosas de las cuales preocuparse.
Aún así perdí la cuenta de bofetones y cachetes, algún que otro “zapatillazo” (no existían los malos tratos en nuestro vocabulario aunque te dieran un par de zapatillazos por llegar a las 11h en vez de a las 10h)era mala estudiante algo a lo que en mi casa se daba prioridad (también recibí alguna que otra por ese lado o por hacer “pellas”), era revoltosa, trasto, pero no mala. Mi mundo eran los caballos, ahí si destacaba, los perros y gatos abandonados eran mi prioridad ante la clase de mates o lengua lo cual me acarreó no pocos disgustos. Aun con todo, era la mayor y tenía una relación especial con mi padre al que adoraba y perdí muy pronto.
Como madre (como padres) creo que lo he hecho distinto, ya no digo que mejor como he dicho antes, pero si diferente.
Fui madre por primera vez a los 26 y por segunda vez a los 27, mis hijos, chica y chico por este orden, se llevan quince meses (siiii la consabida parejita, no era mi intención pero el segundo llegó demasiado pronto y me planté) como nunca hubo un tercero en discordia (no sé si por eso) se llevan de maravilla, no ha habido peleas nunca, sí, he dicho nunca. Se han protegido mutuamente de los demás y se han guardado las espaldas el uno al otro, incluso ante nosotros (nunca se han “chivado”) eso me ha hecho sentirme orgullosa de ellos. Claro que han hecho trastadas y está claro que donde no hay un tercero, ha sido uno u otro o si no, los dos. Si me han llamado del colegio o del instituto, siempre ha sido por la niña cuya faceta en los estudios ha sido muy similar a la mía, (en ese sentido le costó madurar hasta el segundo año de facultad) pero nunca por un conflicto con compañeros, una falta de respeto o una mala conducta que no fuera ser una charlatana en clase.
En casa no han existido tabúes, han aprendido de tolerancia, de justicia e injusticia, se ha tratado la religión pero no se les ha obligado nunca a decantarse, se ha hablado siempre de todo, (para lo cual he tenido que educar primero a mi marido que era un poco más “carrocilla” para según qué cosas) hay cosas que mis hijos hablan solo conmigo y luego yo se las hago saber pero incluso me parece bien que exista ese escalón más, para el respeto hacia su padre.
He procurado ir por delante de ellos en las situaciones que se podían presentar en cuanto han empezado a salir con pandilla, en las relaciones chico-chica, drogas, sexo y rock and roll (en determinados momentos en clave de humor) ahora con 21 y 22 años creo que tienen la cabeza muy bien amueblada de lo cual me siento orgullosa. Siempre dando una de cal y otra de arena, somos amigos pero NO colegas, siempre hay un escalón, el del respeto porque ante todo somos padres.
Creo hemos hecho conjuntamente una buena labor como padres pero eso el tiempo lo dirá.
.-Algunas anécdotas o preguntas de nuestros hijos ante las cuales se nos queda cara de “gilipollas”:
-Laura 8 años, estudiando algo de geografía; “mami pero ¿una cordillera no es una señora que se enamora de otra señora?”Con 8 años explícale que esa no es la palabra adecuada para denominar la homosexualidad femenina. (Cara de gilipollas)
- Manu 10 años; “¿mamá tu eres virgen?” (Otra vez cara de gil….) pues…no se espera que lo piense y luego te lo explico.
-Laura 16 años;”mamá tu ¿a qué edad perdiste la virginidad?” es parecida a la anterior pero no tiene nada que ver, (varía la edad y el contexto) por un lado quieres decirle que mucho mayor que ella, por otro quieres decirle que mayor que ella pero no mucho, por otro lado quieres decirle que qué es eso de la virginidad… (Cara de gil…)Mejor vamos a tener una charlita al respecto.
¡¡Pero es que ¿todas las preguntas van a ser de sexo?!! Casi…
-Manu viaje de final de bachillerato 16 años (se hace en primero porque en segundo tienen la selectividad)
-Mamá creo que llevo poco dinero
-Hijo es que ya está bien, si lo tienes todo pagado
-Bueno todo, todo no jajaja (risitas con su hermana) es que no me da ni para condones. Jajaja (mas risitas) él, aclara que es un decir, que quien dice para condones dice para otra cosa.
-Ah pues eso díselo a tu padre jajaja (ahora la que me rio soy yo, como no, su hermana también.
-Ni de coña… (las chicas volvemos a reírnos)
-Si se lo dices, independientemente de lo que él te dé yo te doy 20€ más. jajaja. Laura se troncha. (aclaro que lo que tiene que pedirle es para condones)
Laura y yo nos escondemos, teníamos que estar seguras de que se lo decía y ese por 20€ canta la Traviata, (no le gusta nada la ópera). Da varios paseos al salón donde su padre en el sofá revisaba el correo, vuelve, jajaja nos reímos de él, vuelve a ir y así tres o cuatro veces,( hay que contar con que es mas vergonzosillo que la cara dura de su hermana) En dos horas, sale el Bus desde la puerta del instituto al aeropuerto “ahora o nunca”
-Papá, es que con el dinero que llevo…es qué…es qué…necesito algo mas para condones.
La cara de mi marido no la pudimos ver bien para no delatarnos, escuchamos el silencio y al momento el… “¿PARA QUE?” Casi nos delata la risa, a mi marido siempre le ha dado un poco llamémosle de pudor, tratar estos temas con sus hijos. Ahora ya lo tenemos acostumbrado.
El caso es que le soltó 50 pavos, lo que no se cuantos condones quería que se comprara el chiquillo para seis días.
Durante la comida hablamos de todo un poco, pero lógicamente no se habló del tema, del viaje, del hotel, de las gamberradas, de si llevas esto y lo otro del examen que había hecho Laura esa mañana, de fulanito y menganito. Los chicos recogían la mesa y yo fui a preparar el café. Entonces Manu nos contó en la cocina que en un principio su padre al oírlo no levantó la cabeza de la correspondencia, luego le recomendó que pensara con la cabeza, y le especifico que se refería a la cabeza que tenia sobre los hombros, y que no bebiera alcohol, que había que saber pasarlo bien sin hacer tonterías (él siempre en su línea), pero es verdad que si él no pusiera la sensatez la tendría que poner yo, que aunque la pongo, me cuesta y también me pongo mas en el lugar de ellos.
Solté los 20€ que venían a ser de la apuesta y mi hijo se fue de viaje tan contento destino Atenas (a nosotros como mucho, nos llevaban a ver la catedral de Burgos)
Mi marido…ni pio, esperaba yo que en el momento que nos quedáramos solos me lo diría, pero no. Sé ve que lo guardaba como un secreto entre su hijo y el. Pasados dos o tres días hablando de que el chico había llamado desde Olimpia, le pregunté si no tenía nada que decirme, estaba dispuesta a descubrirme, al principio dijo que no, así que al final le conté la trama jajaja se tronchaba y decía que creía que me lo había dicho…, ya, seguro .
Al regreso de mi hijo le pregunte (como siempre en clave de humor) si con 70€ había tenido para suficientes condones.
A parte de esto he regañado, castigado e incluso he dado algún cachete (creo que no los he traumatizado por eso) y aun hoy, siendo mayores de edad tienen mucho que aprender, pero aceptan bien las correcciones y los consejos aunque todavía ves algún “careto” de…que pesada es mi madre o que coñazo son mis padres, pero al menos ahora recapacitan y piensan en lo que les has dicho. La historia se repite, está escrito.
A LOS 5 AÑOS, MI PADRE ES DIOS, TODO LO SABE, TODO LO ARREGLA, QUIERO SER COMO EL
A LOS 15 AÑOS, MIS PADRES NO TIENEN NI IDEA SON UNOS CARROZAS Y NO SABEN NADA
A LOS 30 AÑOS, VOY A PREGUNTARLE A MI PADRE, A VER QUE LE PARECE
ALOS 50 AÑOS, ¿QUE HARIA MI PADRE?
Ya sabéis un poco mas de mi, por qué iba en esta ocasión a inventar una historia cuando tengo en casa la relación PATERNO-FILIAL que me gusta y de la cual me siento satisfecha.
Llevaba mucho tiempo sola, la soledad y el silencio de su casa atrapaban cada vez más a María. Carla y Daniel, sus hijos, no sabían cómo afrontar el encierro de su madre ni su negativa cada vez más arraigada a salir de casa. Esta situación preocupaba cada vez más a sus hijos a los cuales el vivir en otras ciudades por su trabajo no les facilitaba estar tan encima de ella como antes .La llamaban a diario y su voz casi podría decirse que agónica les contestaba al teléfono. Hacía ya seis años que había enviudado y paulatinamente había ido sumiéndose en un abismo de tristeza, habían comenzado sus dolencias. Cuando vivía Pascual él siempre le decía que era como la coca-cola, “la chispa de la vida” y ahora nada la motivaba lo suficiente.
Carla la había apuntado a clases de Yoga, de cocina, iba dos días y abandonaba.
Aquella tarde Carla no se atrevía a llamarla porque no sabía cómo decirle que la empresa la mandaba a Chicago a hacer un Máster y que estaría sin verla hasta Navidad, llamó a Daniel quien se alegró mucho por el posible ascenso de su hermana en la empresa y le dijo que no le dijera nada hasta el sábado que irían a verla.
Lo tomo mal como era de esperar, Daniel y Lorena (su pareja) le dijeron que ellos irían todos los fines de semana y la animaron a que se fuera unos días con ellos a Salamanca a lo cual ya de entrada se negó. No quería moverse de su casa. Daniel le dijo que tendría que echarles una mano y le dieron lo que para ella sería una buena noticia. Estaban buscando fecha para casarse en primavera. María se alegro mucho por la noticia, no le gustaba que vivieran juntos “a lo moderno” y Lorena le parecía bien para su hijo, gracias a ella había terminado la carrera y había sentado la cabeza. Aún así el peso de la noticia de Carla estaba por encima de todo.
Le propusieron hacer un curso de informática Daniel le traería un ordenador ¡¡CON CÁMARA!! para poder hablar con Carla todos los días y además ¡¡podrían verse!! Lo del curso no le hizo mucha gracia pero si podía ver a Carla a diario…quizás lo intentara, con 66 años tenía que salir de ese agujero como fuera y muchísimas cosas de las que disfrutar. Aquello pareció ponerle las pilas, en el ayuntamiento le dijeron que los cursos estaban cerrados y que había lista de espera así que empujada por Carla se acercó a una academia. Al subir la escalera se encontró con Lola, una amiga suya a la que hacía tiempo no veía, Lola se alegro de verla y fue evidente, su marido se había jubilado e iban juntos a los cursos. Lola había querido sacarla de casa muchas veces pero acabó rindiéndose, tenía tres nietos y sus quehaceres y preocupaciones eran otros y cuando la había llamado para salir al cine o a tomar algo siempre le decía que ella no se encontraba a gusto con los matrimonios y sin Pascual. Habían salido muchas veces juntos y lo habían pasado muy bien. Estando con ellos notaba más su ausencia si es que eso era posible. Lola le comentó lo contenta que estaba con los cursos y la acompañó arriba, por la escalera volvieron a cruzarse con un grupo de jóvenes que salían también de la academia y que saludaron cariñosamente a Lola.
Ya subía más animada. Lola le presentó al profesor que sería un chico de unos treinta años muy agradable que le puso facilidades para todo y la animó. Maria salió de allí matriculada, al salir llamo a Carla y a Daniel desde el móvil y casi emocionada les dijo que empezaba el lunes.
El lunes le costó arrancar pero se duchó rebuscó en el armario y se “calzó” unos vaqueros y un suéter de angorina crudo. Se miró al espejo y se sintió bien hacia tiempo que no se miraba al espejo más que para peinarse. De ahí todo vino rodado, ella le explicó al profesor de la academia el por qué de su repentino interés en la informática y le dijo que no quería entretenerse, que lo suyo era por necesidad de tener un contacto más cercano con su hija a la cual estaba especialmente unida y que estaría unos cuantos meses sin verla. El joven atendió su demanda pero le dijo que al menos necesitaba un conocimiento previo al mundo de la red, que tenia cosas buenas, cosas malas y muchos engaños.
En el plazo de un mes María a diario se arreglaba y se iba a la academia, su necesidad de avanzar en conocimientos le hizo aprender deprisa, se miraba todos los días al espejo, iba una vez por semana a la peluquería y tomaba café a la salida de clase con compañeros y compañeras en el centro comercial.
Daniel le había llevado a casa un portátil para que fuera practicando y le había enseñado algunos trucos, páginas, le enseño a entrar en su cuenta del banco, y le mostró unos cuantos chat, le advirtió que no entrara ahí que era todo mentira y que no diera ningún dato que se le pidiera de claves, pin, o datos personales, empezaba su hazaña y estaba contenta.
En la academia con el profesor ya había abierto una cuenta de correo y el Messenger, Daniel le abrió una de Facebook porque Lola le había dicho que ella tenía Facebook como si aquello fuera lo más de lo más y debía ser así cuando en la tele había oído que hasta Karmele tenía Facebook. Daniel le ayudo a buscar a Lola en Facebok, la encontraron, vieron su perfil y le solicitaron amistad, también encontraron a Antonio, el marido de Lola también agregaron a Carla, y Daniel buscó su perfil y se incluyó el mismo. Era tarde, se despidió de su madre y quedó en llamarla al día siguiente.
María se quedó jugueteando un rato, buscó amigos y encontró a conocidos a los que no pensaba ni por asomo que estuvieran en Facebook. Solicitó amistad a alguno de ellos, también se unió a una de la protectora de animales. Ya había tenido bastante, empezó a cerrar ventanas como Dany le había dicho y al día siguiente se conectarían con el Messenger y la cámara para ver cómo funcionaba aquello. Se acostó emocionada al descubrir el mundo que se abría ante ella, ante su soledad. Había encontrado también a una amiga con la que había compartido parte de la adolescencia y de la cual hacia casi 30 años no sabía.
Fue a clase por la mañana, le contó a su profesor su hazaña del día anterior, él se sintió complacido y le dijo que la agregaría a su Facebook. Allí mismo accedió a su cuenta de correo, vio que tanto su hija como alguno de los solicitados el día anterior la habían aceptado ya. Entró en Facebook con su clave “Dany”, se encontró con la solicitud de su profesor y de algunos y algunas compañeras de clase, aceptó las solicitudes y…¡¡Ya tenía 18 contactos!!Escuchó un “plin” que no sabía de dónde venía, al momento volvió a oírlo, el profesor se acercó sonriéndola… ¿No piensas contestar? le señaló una ventana que se había abierto en el margen derecho de abajo.¡¡Mamá!! ¿Estás ahí?.......¡¡. Carla!! ¡¡Le estaba hablando Carla!!Contestó y mantuvo una corta conversación con ella en la cual su hija le pedía que se conectara al Messenger. Tras los pasos indicados por el profesor entró en su cuenta de Messenger y se abrió una ventana negra, había unos dibujos y la imagen se movía, no tardó en darse cuenta que era el estampado de su blusa jajaja ¡¡que despiste!! Se dijo así misma, orientó una pequeña cámara que había sobre el PC hasta que se vio en la ventana negra, de pronto nieve perdió la imagen y apareció Carla,¡¡era su hija!!Estaba en Sevilla en la oficina y la veía como si estuviera allí mismo, si eso era así seria magnifico cuando se fuera a Chicago para lo cual quedaba solo una semana, pero esta noche después del trabajo vendría a casa y pasaría toda la semana antes de irse con ella, harían compras, prepararían su maleta, charlarían y …podría abrazarla.
Todo el mundo de María se iba transformando día a día.
Daniel y Lorena vinieron de Salamanca para verla y despedirse de Carla, le descubrieron que podía hablar con los dos a la vez. Practicaron varias horas frente al portátil, habló con alguno de los contactos que le habían agregado a sus cuenta tanto de Facebook como de Messenger.
Se puso al corriente de la vida y milagros de amigos a los que hacía años había perdido la pista, algunos ni sabían que Pascual había fallecido, ni que tenía dos hijos Daniel y Carla, su amiga de la adolescencia Bea estaba separada y tenía un hijo y Loli con la cual había perdido el contacto al casarse esta y marcharse a Sevilla, seguía casada con Andrés tenía una hija y su hijo Sergio de 20 años había fallecido hacia dos de una enfermedad extraña que María no sabía ni que existía.
Le contó su calvario con la enfermedad de su hijo, le contó de la desasistencia y desconocimiento de esta enfermedad, de la falta de colaboración por parte de las instituciones, le contó de su deterioro y del como fue apagándose día tras día, mes tras mes. Le contó que ella misma empezó a luchar por el conocimiento de esta enfermedad, escribió a periódicos, salió en un programa de televisión siempre intentando recaudar fondos, subvenciones, por Sergio no había podido hacer nada pero había muchos Sergios en la sombra.
María lloró frente a la pantalla del ordenador. Pensó en sus hijos. Se metió en el perfil de Bea. Miró sus fotos. Bea con Andrés cuando aun eran novios, Bea con ella y con otros de la pandilla, Bea con sus dos niños, Bea…con una jovencita y un chaval en silla de ruedas, Bea y Andrés con la misma joven pero ya mas mayorcita y…el mismo chico de la silla de ruedas, más delgado y con un deterioro físico casi increíble. Era Sergio.
En el perfil de Andrés había una carta, era como un epitafio a la lucha de su hijo, a su valentía. Entre los contactos encontró el nombre de una asociación AEPMI, (Asociación de Enfermos de Patología Mitocondriales) abrió la página y allí estaban Sergio y muchos más, mayores y niños. Buscó información en Google, eso era de las cosas que aprendió en sus primeros días de academia. Llamó al teléfono de contacto de la asociación y una voz no desconocida para ella, sonó al otro lado. Era Bea. Hablo largo rato con ella.
Facebook le había llevado hasta Bea y no quería perder ese tren. Llamó a sus hijos y les dijo que se iba a Sevilla unos días, a su hija Carla le extrañó que en tres años no hubiera ido a visitarla y ahora que estaba en Chicago su madre se fuera a Sevilla, era increíble pero se alegró.
Se llevó su portátil ya imprescindible pará seguir viendo a Carla todos los días a las tres en el Messenger, con Daniel hablaba por FB casi todos los días pero ahora había algo más, su…llamémoslo militancia con AEPMI, con quien empezó a colaborar de manera activa desde Madrid haciendo una importante labor en simposios, congresos y convenciones, viajando allí donde estos se celebraban, y recaudando fondos para el estudio de la enfermedad, dándola a conocer a través de esas redes sociales, que en este caso para bien, le habían cambiado la vida.